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Cómo hacer un favicon que todavía se lea a dieciséis píxeles

Un favicon no es una imagen pequeña de tu logotipo. Es un conjunto de imágenes a tamaños fijos, metidas en un contenedor que casi nadie abre, y la más pequeña de todas es la que ve la gente. Aquí van los tamaños que necesitas, los archivos que van al lado y qué hacer cuando tu logotipo no sobrevive al viaje hacia abajo.

Abrir Imagen a ICO Entra una imagen. Salen todos los tamaños que piden un navegador, Windows o un Mac.

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La respuesta corta

Abre Imagen a ICO, arrastra dentro una imagen cuadrada de 256 píxeles o más, deja el preajuste en favicon de una web y descarga favicon.ico. Ponlo en la raíz de tu sitio, para que responda en https://tusitio.com/favicon.ico. Esa dirección la piden todos los navegadores, la mencione tu HTML o no, así que en rigor no tienes que hacer nada más.

Todo lo de abajo es lo que separa un icono que técnicamente está de un icono que se lee: qué tamaños entran, qué piden en su lugar los iPhone y Android, y qué hacer cuando tu logotipo no sobrevive a medir dieciséis píxeles de ancho.

Por qué es un conjunto de tamaños y no una imagen

Un archivo .ico es un contenedor. Dentro lleva varias imágenes completas de lo mismo a tamaños distintos, y quien esté leyendo el archivo coge la más cercana al tamaño que necesita.

Suena a redundancia, pero no lo es. Un navegador que dibuja tu icono a dieciséis píxeles tiene dos opciones: leer una versión de dieciséis píxeles dibujada por ti, o encoger una más grande sobre la marcha. Lo segundo es peor, y se nota: encoger automáticamente un logotipo detallado da papilla, mientras que una versión de dieciséis píxeles que has mirado es algo que has tenido ocasión de simplificar. Si el formato guarda varios tamaños es justamente para darte esa ocasión.

Para una web, la convención son tres tamaños, y cada uno tiene su motivo:

Todo lo que pase de ahí va en un PNG al lado del .ico y no dentro, por razones que salen más abajo con los archivos para móvil.

La lista de ajustes preestablecidos con los tamaños que incluye cada uno: dieciséis, treinta y dos y cuarenta y ocho píxeles para un icono de sitio web, y un resumen de lo que irá dentro del archivo.
Un .ico es un contenedor, y esta es la lista de lo que va dentro. El preajuste es un atajo para el conjunto que un navegador pide de verdad.

El problema de los dieciséis píxeles

De esta parte no te avisa nadie. Dieciséis píxeles son unos cuatro milímetros en una pantalla normal: una rejilla de 256 puntos en total, menos que las letras de esta misma frase. Casi nada pensado para funcionar en un cartel, en una tarjeta de visita o en la cabecera de una web sobrevive a reducirse a eso.

Lo que va desapareciendo, por orden:

La solución no es un ajuste, es otro dibujo: una marca simplificada con una o dos formas, mucho contraste y nada de texto más allá de un solo carácter. Dibuja esa versión a 32 o 48 píxeles a conciencia y úsala como origen.

Lo que sí puede hacer una herramienta es enseñarte el problema antes de que lo publiques. La vista previa de Imagen a ICO dibuja cada tamaño a su tamaño real en pantalla, que es la única manera de juzgar esto: un icono de dieciséis píxeles enseñado a sesenta y cuatro se ve bien y no te dice nada.

Una tira de vista previa con la misma marca dibujada a dieciséis, treinta y dos, cuarenta y ocho, sesenta y cuatro y ciento veintiocho píxeles.
La versión de dieciséis píxeles, al lado de la que diseñaste. Esta es la imagen que decide si la marca había que simplificarla.

Tu logotipo no es cuadrado. ¿Rellenar o recortar?

Un icono siempre es cuadrado y casi ningún logotipo lo es, así que algo tiene que pasar. Hay tres respuestas, y no son igual de buenas.

Rellenar conserva la imagen entera y le pone espacio arriba y abajo. Es el valor por defecto sin riesgo, y la elección equivocada para un logotipo de palabra ancho: meter algo tres veces más ancho que alto dentro de un cuadrado lo deja ocupando un tercio del alto, y a dieciséis píxeles eso son cinco píxeles de logotipo y once de nada.

Recortar al centro saca el cuadrado más grande del medio. En un conjunto de símbolo más nombre de la empresa al lado, eso muchas veces parte los dos por la mitad. Mejor recorta tú antes el original, dejando solo el símbolo, y convierte eso.

Estirar aplasta la imagen hasta que quepa. No hay casi ninguna situación en la que esto sea lo correcto, y está ahí sobre todo para que la herramienta no lo esté haciendo por su cuenta y sin decírtelo.

Con un logotipo ancho, la respuesta general es esta: no conviertas el logotipo, convierte la parte de él que funciona sola.

¿Transparente o con fondo sólido?

Para una web, lo normal es transparente. Las pestañas del navegador son grises, blancas o casi negras según el navegador y el tema, y un icono transparente se apoya sobre todas ellas. Un icono con el fondo blanco pintado es un rectángulo blanco en una barra de pestañas oscura.

Hay dos excepciones que conviene conocer:

Los archivos que necesita una web y que no son el .ico

El favicon.ico cubre los navegadores y Windows, pero no cubre los móviles, y aquí es donde casi todos los conjuntos de iconos caseros se quedan cortos. Hay otras tres plataformas que piden sus propios archivos, con sus propios nombres, y ninguna de ellas va a mirar dentro de un .ico:

Y hay uno más que es fácil de hacer mal. Los lanzadores de Android recortan un icono adaptativo a la forma que le guste al móvil, sea un círculo, un cuadrado redondeado o un «squircle», y lo único que se garantiza que sobrevive es el 80 % central de la imagen, así que un icono dibujado de borde a borde pierde las esquinas. Eso es un icono enmascarable: la misma imagen dibujada a propósito pequeña dentro del cuadrado, y declarada aparte en el manifiesto.

Si marcas el conjunto para web en Imagen a ICO, te los saca todos, más el manifiesto y el bloque de HTML que apunta a ellos. Ese bloque deja fuera una cosa a propósito: el <link> del favicon.ico. Los navegadores piden esa dirección por su cuenta, y nombrarla encima hace que el mismo archivo se descargue dos veces.

El icono de una aplicación de Windows es otro conjunto

Si el icono es para un programa y no para un sitio, los tamaños cambian. El app.ico que trae por defecto el propio Visual Studio lleva 16, 32, 48 y 256: los tres tamaños del shell más el grande del que tiran el menú Inicio y la vista extragrande del Explorador.

En una pantalla de alta densidad, Windows pide además 20, 24, 40, 64 y 96, y cuando faltan los remuestrea del tamaño más cercano que tenga. Que eso importe o no depende de tu icono: una forma plana sobrevive al remuestreo y una detallada no. Añadirlos viene a duplicar el archivo, que para una aplicación no es nada. La cuenta aquí es completamente distinta de la de un favicon, donde el archivo se lo descarga cada visitante.

Una cosa más sobre el tamaño: donde están los bytes es en la entrada de 256. Guardada sin comprimir son 264 KB ella sola, y guardada como PNG dentro del icono suele quedarse por debajo de 30. Las entradas PNG se leen desde Windows Vista, así que el único motivo para evitarlas es que tengas delante software de verdad más antiguo que eso, o un instalador o una herramienta incrustada que analice los iconos por su cuenta.

Un Mac lee un archivo completamente distinto

Si el icono es para una aplicación de Mac y no de Windows, nada de lo anterior sirve, porque macOS no lee .ico en absoluto. Lee .icns, que es la misma idea en otro envoltorio, varios tamaños dentro de un contenedor, con tres diferencias que conviene conocer.

Para usarlo: un paquete de aplicación lo guarda en TuApp.app/Contents/Resources/ y lo nombra en Info.plist. Y para una carpeta o una imagen de disco, selecciona el .icns en el Finder y pulsa Comando-C, luego abre Obtener información sobre lo que quieras cambiar, haz clic en el icono pequeño de arriba a la izquierda y pulsa Comando-V.

Si marcas icono de macOS en Imagen a ICO, te escribe uno, con el archivo de Windows al lado o sin él. Cualquier cosa que se distribuya en las dos plataformas quiere los dos, y los dos se dibujan a partir de la misma imagen y en la misma pasada.

Comprobar que ha funcionado

Los navegadores cachean los favicons con más ganas que casi cualquier otra cosa, así que «lo he subido y no ha cambiado nada» suele ser cosa de la caché y no un error. Dos cosas que probar antes de ponerte otra vez a editar archivos:

En Windows, un .ico se comprueba poniéndolo en una carpeta y cambiando el Explorador entre sus tamaños de vista: pequeño, mediano, grande y extragrande dibujan entradas distintas del mismo archivo, así que puedes ver cada una tal como la va a ver el sistema.

En un Mac, un .icns se abre con Vista Previa, que te lista todas las ranuras en el lateral. Y el mismo truco funciona en el Finder: déjalo en una carpeta y mueve el control de tamaño de las opciones de vista para verlo ir cambiando entre las imágenes que lleva dentro.

Nada de esto necesita una subida

Escalar una imagen es algo que cualquier navegador lleva años haciendo, y un .ico son una cabecera de seis bytes, dieciséis bytes por imagen y luego las imágenes. Hacer uno no tiene ni un paso que exija un servidor, y la herramienta de aquí no usa ninguno: la Content-Security-Policy de la página enumera todas las direcciones a las que puede conectarse, y ninguna es de este sitio.

Y aquí eso preocupa más de lo habitual. Un logotipo entregado a un generador gratuito de favicons es, muchísimas veces, una marca todavía sin lanzar: el icono es de las primeras cosas que se hacen y de las últimas que se anuncian. Si prefieres comprobarlo a que te lo cuenten, carga la página, desenchúfate de internet y haz uno igualmente. ¿Es seguro subir archivos a los conversores en línea? propone otras tres comprobaciones que le puedes hacer a cualquier herramienta.